Mathilda es una novela breve e intensa escrita por Mary Shelley entre 1819 y 1820, aunque permaneció inédita hasta 1959. En ella, la autora se adentra en un territorio oscuro y profundamente psicológico, explorando temas como la soledad, la culpa y el amor prohibido. La historia sigue a Mathilda, una joven que, tras perder a su madre al nacer, crece aislada hasta que su padre regresa a su vida. Sin embargo, el reencuentro se torna trágico cuando él confiesa un amor incestuoso por su hija, sumiéndola en una espiral de angustia y aislamiento.
Más allá de su trama provocadora, la novela destaca por su tono melancólico y su exploración de la psique de su protagonista, reflejando los propios conflictos personales de Shelley tras la pérdida de su esposo y sus hijos. Mathilda se aleja del gótico tradicional para profundizar en el sufrimiento humano con una sensibilidad moderna, convirtiéndose en una obra fascinante dentro de la literatura romántica y un testimonio del talento de su autora más allá de Frankenstein.
Sobre el autor
Mary Shelley fue una escritora británica, ampliamente reconocida como una de las figuras más influyentes de la literatura gótica y de ciencia ficción. Nacida en Londres, Shelley es célebre por su novela Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), una obra que explora temas como la ambición científica, la alienación y las consecuencias del poder sin límites. Aunque escribió otras novelas y ensayos a lo largo de su vida, Frankenstein se consolidó como un hito literario, influyendo profundamente en la cultura popular y la ciencia ficción moderna.
La idea de Frankenstein surgió en 1816, durante una estancia en Villa Diodati, en Suiza, junto a Percy Shelley, Lord Byron y John Polidori. En un desafío literario para escribir historias de terror, Mary concibió la historia de Víctor Frankenstein y su criatura, una narración que combina elementos del romanticismo y de la ciencia ficción emergente. La novela reflexiona sobre el poder del conocimiento y la responsabilidad ética de la ciencia.
La obra de Mary Shelley tuvo un impacto duradero en la literatura y la cultura. Frankenstein ha sido interpretada como una reflexión sobre los peligros del progreso desenfrenado y la alienación del individuo en la sociedad moderna. Su influencia abarca desde la literatura hasta el cine, con innumerables adaptaciones y reinterpretaciones.
Shelley supo combinar la sensibilidad romántica con una visión crítica del conocimiento y sus límites. Su estilo narrativo, caracterizado por la introspección y el uso de múltiples perspectivas, contribuyó a la profundidad psicológica de sus personajes y al impacto emocional de sus relatos.